un problema más grande.
Aquel lunes llegamos al Registro Civil para recoger los documentos que confirmaban nuestro divorcio, después de varias semanas de trámites.
Graciela insistió en acompañarlo. Fernanda también apareció, vestida elegantemente y con una sonrisa que parecía imposible de borrar.
—Por fin mi hijo vuelve a ser libre —comentó mi exsuegra mientras acomodaba su bolsa de diseñador—. Ahora sí podremos disfrutar de lo nuestro sin que nadie esté haciendo dramas.
No le respondí.
Yo llevaba una blusa blanca, pantalón negro y una tranquilidad que no había sentido en