y sin nadie que me esperara al aterrizar.
—Nosotros vamos a Cancún. Necesito descansar. Tú ya eres bastante grande para viajar sola.
—Pero me prometiste que íbamos a ir juntos.
Ricardo soltó una risa incómoda. Mi madre se inclinó hacia mí y bajó un poco la voz.
—No armes un drama, Camila. No vas a arruinarme estas vacaciones.
Luego se dio la vuelta. Ni un abrazo. Ni una explicación. Ni siquiera miró atrás cuando avanzó hacia la sala VIP con su nueva familia.
El número que no quería marcar
Me