de aterrizar.
En la escalerilla estaba mi padre.
No se parecía al villano que yo había imaginado de niña. Tenía el cabello más gris, el rostro serio y los ojos cansados. Cuando me vio, bajó dos escalones sin preocuparse por el personal que aguardaba alrededor.
—Ven —dijo.
Y cuando me abrazó, por primera vez en años, entendí que alguien había venido por mí.
La verdad que mi madre había ocultado
Durante el vuelo, Alejandro revisó mi pasaje varias veces. También me pidió que le mostrara los mensajes que había intercambiado