—¿La casa está a su nombre? —preguntó Teresa.
—Sí. Arturo y yo la compramos antes de que Mauricio se casara. Cuando él murió, quedó solo a mi nombre.
—¿Alguna vez firmó un poder, una donación o un documento de copropiedad?
—No.
Teresa asintió.
—Entonces nadie puede venderla ni administrarla sin su consentimiento válido.
Le entregué las fotos de los documentos. Las revisó una por una.
Su expresión cambió al llegar a la valuación y al borrador de evaluación geriátrica.
—Esto es serio.
—¿Qué significa “evaluación geriátrica”?
Teresa se quitó las