otra carpeta.
Allí estaban las copias de los reportes de auditoría que había recopilado durante los últimos cuatro meses, los correos que me habían enviado y las actas de reuniones donde se habían tomado decisiones sospechosas.
No había accedido a cuentas ajenas ni alterado sistemas.
Me había limitado a conservar los documentos que recibía legítimamente como parte de mi trabajo.
Entre ellos había una advertencia que había enviado personalmente al departamento de seguridad.
El asunto decía:
“Posible uso indebido de credenciales del Proyecto Atlas”.
Nunca recibí respuesta.
Más tarde descubrí