—Ese lugar no era tuyo.
Laura se quedó inmóvil.
—Entonces dime que no me quieres.
Eduardo negó con la cabeza.
—No te quiero.
—¿Y a ella sí?
Tardó demasiado en responder.
Después dijo:
—Sí.
Laura rio con amargura.
—Qué conveniente darte cuenta ahora.
Aquella frase lo golpeó.
—Crees que Mariana va a regresar porque hoy descubriste la verdad, ¿verdad?
Eduardo no respondió.
—La sacaste de tu familia veintiocho veces. Dejaste que tu hijo humillara a su hija. Permitiste que tus padres me llamaran a mí “nuera” mientras la trataban