una antigua directora de escuela que había sido testigo de la donación.
No pudimos escuchar mucho más.
Héctor apareció inesperadamente.
—¡Otra vez usted! —gritó.
Lorena se interpuso.
—Basta, Héctor. Tu tío necesita atención médica.
Él la ignoró y se acercó a mí.
—La reunión se adelantó. Y tengo una noticia: su hijo me llamó anoche. Va a entregar el informe firmado.
Sentí como si acabaran de golpearme en el pecho.
De regreso, Lucía telefoneó a su padre y le mostró la grabación de Anselmo.
Daniel llegó una hora después.
Traía