de 91 años que vivía con su hija.
Cuando vio la escritura, reconoció inmediatamente su firma.
—Anselmo lloró cuando donó esos terrenos —recordó—. Decía que nadie debía pagarle a un particular por acercarse al agua que había alimentado a generaciones enteras.
Nos contó que otra copia había quedado bajo resguardo del antiguo párroco.
Fuimos a la iglesia.
El padre Gabriel buscó entre los archivos parroquiales hasta encontrar el libro correspondiente.
Sin embargo, alguien había arrancado una hoja.
Revisamos el registro de visitantes.
Cuatro días antes, Ernesto Varela, el director municipal