Mi madrastra me llevó a conocer a un hombre de una familia que llevaba años describiéndome como orgullosa y cruel, segura de que aquel matrimonio sería mi castigo. Decidí arruinar el encuentro fingiendo ser torpe, malhumorada y pésima para todo, pero él no se molestó: me miró y dijo que hacía tiempo nadie era tan sincero con él. 3 días después llegó una nota suya pidiendo permiso para visitarme, y ahora debía enfrentar el noviazgo que yo misma había intentado impedir.

Lo que sí me dolería sería que siguieras mintiendo ahora.

—Por eso vine.

—Entonces estamos a tiempo. Yo no quiero casarme con la muchacha perfecta que tu madrastra quiso ofrecerme ni con la insoportable que inventaste. Quiero saber si la mujer que está aquí, la que tuvo miedo y aun así vino a decir la verdad, quiere seguir conociéndome.

Mis manos temblaban sobre la falda.

—Sí. Pero con una condición. No quiero que me rescates de nadie. Si algún día me caso contigo, será porque te elijo, no porque necesito