Lo que sí me dolería sería que siguieras mintiendo ahora.
—Por eso vine.
—Entonces estamos a tiempo. Yo no quiero casarme con la muchacha perfecta que tu madrastra quiso ofrecerme ni con la insoportable que inventaste. Quiero saber si la mujer que está aquí, la que tuvo miedo y aun así vino a decir la verdad, quiere seguir conociéndome.
Mis manos temblaban sobre la falda.
—Sí. Pero con una condición. No quiero que me rescates de nadie. Si algún día me caso contigo, será porque te elijo, no porque necesito