escapar de mi casa.
Tomás asintió.
—Entonces hazlo así.
Aquella respuesta me convenció más que cualquier promesa.
No nos casamos de inmediato. Durante casi 1 año seguí viviendo con Ofelia y conseguí trabajo en un taller de costura del centro. Por primera vez tuve dinero propio. Compré telas, zapatos y una máquina usada que pagué en abonos. Tomás dejó de llevar regalos costosos cuando entendió que yo necesitaba sentir que podía sostenerme sola.
Ofelia tampoco cambió de golpe. No pidió perdón ni se volvió cariñosa. Simplemente dejó de decidir por