no se fugara. Cuando mi mamá le abrió la puerta y lo vio con los pies sangrando, supo que algo andaba terriblemente mal.
Día nueve. Martes. Desperté.
Estaba en la clínica de San Marcos. Confundida. “¿Qué día es?”, le pregunté a la enfermera. “Martes 21”, me dijo. Llevaba ocho días inconsciente. El Doctor Ramírez me explicó la situación. “Señora, busqué en las noticias. Los seis muertos del camión ya fueron identificados y entregados. Usted legalmente no existe”.
Pedí un teléfono. Llamé a mi madre. El grito que pegó mi mamá