el pequeño objeto dentro de su mano.
Podía perder las pruebas o arriesgarse a que Calvin resultara herido.
Pero antes de que pudiera decidir, Thomas se levantó de repente y lanzó una silla contra la ventana.
El cristal estalló.
—¡Reese, corra!
Ella reaccionó al instante. Mientras los hombres se volvían hacia el ruido, Reese se deslizó por una puerta lateral y bajó por una escalera de emergencia.
Detrás de ella resonaron gritos y golpes.
Al llegar al estacionamiento, vio un vehículo con las luces encendidas. El conductor abrió la puerta