capilla del convento. Detrás del altar. Hay una piedra suelta.
—¿Qué hay detrás de esa piedra?
La madre superiora guardó silencio por un momento largo. —El pecado de nuestra fundadora. El pecado que ha mantenido este convento en pie durante trescientos años.
Fonseca colgó. Miró a Camilo. —Tenemos que ir al convento.
—¿Ahora? ¿En la madrugada?
—Ahora.
Manejaron en silencio por las calles vacías de Puebla. El convento se alzaba al final del camino, oscuro y silencioso, como una sombra gigante contra el cielo nocturno.
La madre superiora los esperaba