palabras me hicieron comprender que mamá no actuaba por obligación ni por miedo.
Estaba tomando una decisión consciente.
Contratamos a una cuidadora algunas horas por semana y conseguimos un fisioterapeuta que acudía dos veces a la casa.
Mi tía Leticia envió quinientos pesos una sola vez.
Mi tío Raúl no aportó absolutamente nada.
Óscar llamó dos veces. Ninguna preguntó cómo se encontraba su abuela.
Las dos fueron para saber si habíamos visitado a algún notario.
Mientras tanto, doña Amalia empezó a cambiar.
Al principio se resistía a los ejercicios, se