En plena audiencia de divorcio, mientras él sonreía convencido de haberme dejado sin nada,

personas unidas por miedo buscaron salvarse. Las unidas por confianza se quedaron.

Pero aún faltaba la empresa.

Roldán Estrategia tenía 84 empleados, clientes nerviosos y un consejo dividido. Álvaro seguía actuando como si la caída legal fuera una disputa conyugal que podía sobrevivir con comunicados de prensa.

Lucía fue a las oficinas de la Castellana por primera vez en 5 meses.

El director de operaciones, Samuel Ortega, la recibió sin ceremonias.

—Necesito saber quién manda mañana por la mañana —le dijo—. No por política. Por nóminas, clientes y contratos.

Lucía