EL AMOR QUE NO NECESITABA SACRIFICIOS

No porque fueran injustas.

Sino porque entendí cuántas veces había permitido que ella cargara con esa responsabilidad.

—No quiero que tengas que estar pendiente de mí cada segundo —le dije.

—Lo sé.

—Quiero que estés en mi vida porque deseas estarlo. No porque tengas miedo de lo que me pueda ocurrir si te alejas.

Valeria cerró los ojos.

Una lágrima le resbaló por la mejilla.

—Tengo que aprender a hacer eso.

Tomé suavemente su mano.

—Podemos aprender juntos.

Dos días después, Valeria confirmó su plaza en el programa de Querétaro.