PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

meterse los dedos en la garganta para devolver un pedazo de pollo.

 

Su rostro perdió el color.

—Antes de pedir verla, pregúntate qué recuerdos construiste para que una niña tan pequeña prefiera que su padre no esté presente.

No volvió a insistir.

Cuando salí del edificio después de cerrar aquella etapa de mi vida, el cielo estaba despejado.

Esa tarde regresé a casa.

 

Mis padres preparaban tamales para la cena y Sofía jugaba en la sala.

Al verme, corrió hacia mí.

—¡Mamá!

La cargué.

—¿Ya terminaste?

—Sí.

—¿Entonces